martes, 27 de marzo de 2012


Eslabones de un soliloquio en ininterrumpido clímax, las pinturas neorrealistas de Carlos Cortés acusan una expresividad tan acentuada, que terminan por atravesar el umbral de lo surreal.
La suya es una representación apegada al aspecto que presentan los seres y las cosas en el mundo perceptible, a saber, un ejercicio plástico donde la voluntad de veracidad de la imagen y el gusto por el detalle se imponen sobre las tentaciones de la idealización.
De ahí que su obra sea una derivación contemporánea del riguroso realismo de Caravaggio y del crudo verismo de la nueva objetividad, denominación con la cual se agrupó en la década de los veinte del siglo pasado a artistas como Grosz y Otto Dix.
Al igual que ellos, el artista de Jalisco se consagra en una minuciosa trascripción que, sin embargo, no es nunca una reproducción pasiva o neutral de la realidad, puesto que esta construida desde una perspectiva situada en las antípodas de la indiferencia.
Y es que un profundo sentido de teatralidad impregna el trabajo del artista, quien a menudo organiza espacialmente la superficie pictórica a modo de proscenio donde ocurre una compleja trama que, a causa de su dramatismo, provoca una turbadora impresión en el espectador.
En suma el teatro de la vida o la existencia como drama es el asunto tratado de manera recurrente por la estética puntual, provocadora y amenazadoramente misteriosa de Carlos Cortés.



-En la llaga que no cicatriza jamás, Cortés humedece una y otra vez sus pinceles.- 


(Extracto del libro Artistas Mexicanos de Nuestro Tiempo) - ARGELIA CASTILLO 
                                                                                             
                                                                                                         























1 comentario:

  1. me gustaría conocer más sobre tus obras... algún teléfono ?

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